
Con mirada infantil
descubres el horizonte
-línea de porvenir incierto-
sin más consciencia
que la obligación del viaje
bajo un augurio de vientos favorables.
Ignorando el calendario
te preparas para la travesía
temiendo tempestades y huracanes.
Anhelando bonanzas
-que te hagan gozoso el tránsito-
eliges drizas
atas cabos
y almacenas arcones de cosas inservibles
de las que esperas sacar provecho.
El misterio del mar siempre te espera
-aun cuando nunca lo hayas visto-
ni sospeches que el tiempo es un pecio
anclado con vidas pasajeras.
No te resistas a su baile
déjate llevar entre sus olas
-es el destino-
y no te reproches
tanto o tan poco equipaje.
Da igual
llegarás a esa línea final
-más allá de las nubes-
ni siquiera de ti depende
lo placentero de la travesía.
Sólo te está permitido navegar
NAVEGAR
y antes
soltar amarras.
