
Esperar a los Reyes Magos
en noches eternas
de hielo, castañas y barro
o en la puerta de la calle
cuando el juguete sólo era un clavo
en aquellos días tan cortos
cargados de meses largos
y en el horizonte el tiempo
con sueños sin sobresaltos
el mundo era un belén
sobre una tabla plantado
con arena de serrín
y de cartón los tejados
la nieve sí era real
congelando los zapatos
al esperar a los Reyes, culpable
de que siempre perdieran el saco.
