A una amiga

Querida Monika:
No me hago a la idea; debe ser por el levante que avivó el fuego de La Peña, sigue descarnando la playa y ahora se ha reencarnado sin piedad sobre Bolonia. Una pena, pero tranquila, que, seguro que lo contienen y lo apagan como en otras ocasiones, aunque les cueste lo suyo por la fuerza con que hoy sopla. ¡Pobres bomberos! Qué te voy a decir que no sepas en cuestión de vientos, unas veces el levante y otras el poniente lo cierto es que siempre estamos expuestas a su abrazo, abrazo que aceptamos y, aunque a otros los suene a cosa de excéntricas, a nosotras hasta nos gusta porque nos preserva de miradas ajenas al ahuyentar gente de la playa evitándonos tener que compartirla con el mundanal ruido.  Qué sería de este paraíso sin el levante… Este levante que tanto nos recuerda a los vaivenes de la vida.
Sigo sin hacerme a la idea, ya sé que es demasiado pronto, seguro que a ti te pasa lo mismo y que andas como despistada porque aún no has terminado de salir, de desprenderte, pensando que quizá es una pesadilla, aunque conociendo tu sentido realista de las cosas seguro que sabes bien lo que hay e incluso lo aceptas como mejor opción a esas otras alternativas que…  Sigo sin creérmelo, sin enterarme como tampoco se enteran esos pajarillos a los que has acostumbrado a que te vengan a visitar a cambio de esas migas de pan macho junto a la latita de agua, y a los que acabo de ver esperando pacientes esos “mimos de abuela”; ni lo saben todavía los geranios que siguen explotando de flor gracias a esos nutrientes que repartes con la buganvilla.
Tu atalaya tampoco se explica tu ausencia, está desconcertada, igual que yo al no ver abiertas las ventanas para que entre el mar hasta tu cama; aún creo verte junto a la barandilla oteando el horizonte mientras te observo al levantar la vista de la historia que me tiene atrapada y, con tu pelo al viento te imagino un mascaron de proa a punto de iniciar una de esas travesías por el ancho mundo del que eres experta; pocos rincones te deben quedar por descubrir.   
Sigo sin hacerme a la idea de que ya no habrá buenos días con la mano, sin hacer ruido para no despertar a los trasnochadores, y más tarde nuestro encuentro en la arena, nuestras confidencias de amigas y, la complicidad de ese ponernos al día en el arte de seguir viviendo lo cotidiano haciendo frente a las tempestades personales que nunca faltan, de compartir las noticias de todo lo bueno del día a día.  
No acepto todavía que faltes a la cita con la noche junto al faro de tu llama flameante, de ese poder hablar de lo divino y lo humano, de los planes de futuro que nunca te faltan y, de lo mucho que valoras a este país que hiciste tuyo hace un montón de años. Supongo que para cuando llegue septiembre ya lo habré aceptado, ya me habré hecho a la idea de que no pasearás elegante la feria y no tendrás que cumplir con el ritual de comer las famosas codornices ni mojar la rosca de porras en ese chocolate que tanto nos gusta y defendemos del viento empeñado en arrebatarnos ese placer infantil.    
Querida amiga, sé lo que me dirías: que no queda otra que aceptarlo, que tu vida ha sido la de una mujer afortunada, también en el amor y en el dinero, aunque no te hayan faltado clavos en el camino, pero… Bien sé que con tu potencia de motor alemán has sabido aceptar y sobreponerte a los infortunios, que has regalado sonrisas y sabios consejos a quien se te ha acercado. Por eso mi recuerdo se reconforta al pensar en la mujer vital, fuerte, compasiva y sensible por la que siempre te he tenido. Sé que lo iré aceptando, que no queda otra, y sé que vas a seguir conmigo cada vez que me asome a ver otra mañana, cada vez que levante los ojos de la página o busque esa luz flameante del faro de tu atalaya. Sé que estarás en el mar, ahora que has cruzado la frontera del horizonte para quedarte en él para siempre, junto a tu querida hija, que con infinita paciencia te ha estado esperando.  
Querida Monika, tú me dirías: tiempo al tiempo.
Cierto, poco a poco, igual que los pájaros y las flores me iré haciendo a la idea, y sé que te sentiré junto a mí cada vez que me adentre en esas enigmáticas y reconfortantes aguas del Estrecho. 
Querida Monika: DESCANSA EN PAZ.
11/8/2025.